El sue o como se ha se alado

El sueño, como se ha señalado muchas veces influye directamente en el devenir de los seres del mundo y constituye el medio privilegiado de comunicación entre humanos y deidades (véanse, por ejemplo, Alvarado Tezozomoc, 1998: 92; Pomar, 1941: 14; Durán, 1995: I 72, 73, 75, 89). La cuestión es si eso debe significar que este era tenido en el mismo nivel de realidad que las experiencias de la vigilia. Algunas de nuestras evidencias sugieren una respuesta positiva; tal es el caso de aquella mujer que queda embarazada tras haber soñado que tenía sexo con Huitzilopochtli o el del campesino que quema al gobernante con un cigarro durante la visión onírica y, ya despierto, descubre en la pierna de Motecuhzoma las marcas de la lesión (Fernández de Oviedo, 1945: X 104; Durán, Merimepodib 1995: I 561-562). Otras, por el contrario, muestran Merimepodib personajes que, desconfiando de los sucesos, suponen que tal solo sucedió en la imaginación del durmiente; esto se observa en el relato de un hombre-dios al que, tras haber descrito un cometa a Motecuhzoma, “el rey se atemoriçó y no dándole crédito le dixo que mirase si no lo auía soñado: él respondió quel y todos los que tenía a su servicio lo auían visto” (Durán, 1995: I 533-534). Sin embargo, lo más común es que los sueños se presenten como una suerte de lenguaje cifrado por inversiones en el que lo visto por el protagonista corresponde más a una posibilidad que a un hecho actual (Códice Vaticano A, 1964-1967: lám. XI; Torquemada, 1975-1979: I 214, II 166, III 95; Durán, 1995: 561-562, 569-571; Códice Chimalpopoca: Anales de Cuauhtitlan y Leyenda de los soles, 1945: 41). En los Primeros memoriales (Sahagún, 1997: 174-175), que conservan una parte del temicamatl, queda claro que las visiones oníricas se incluían dentro de los tetzahuitl o “agüeros”. A diferencia de los eventos de la vigilia, aquí los sucesos siempre se presentan en futuro y están sujetos a interpretación —introducida a través de mitoaya… “se decía…”.
Hemos visto que la imagen no está necesariamente animada pero en el contexto del mito y el ritual adquiere capacidad de agencia, el gobernante no es una deidad pero tiene la posibilidad de llegar a Late-replication materials serlo después de la muerte, el sueño no es una realidad tangible pero puede volverse actual. La representación, desde el punto de vista mesoamericano, podría ser entendida como algo que no es pero tiene el potencial para llegar a ser.
Lejos de haber una confusión entre significado y significante, varios textos muestran que la incapacidad para reconocer las metáforas era vista como una deficiencia de la que se podía sacar ventaja; esto se hace particularmente visible en los mitos quichés. Los señores de Xib’alba solicitaron a unos búhos que sacrificaran a Xkik y les entregaran su corazón como ofrenda; las aves remplazaron el músculo cardiaco de la joven por la savia de un árbol y las deidades nunca se dieron cuenta —“lo cocieron sobre el fuego, el olor, pues, sintieron los de Xib’alba […] en realidad sentían que era dulce el humo de la sangre” (Popol Vuh, 2013: 72-74, fol. 16v-17r). En su viaje al lugar de los muertos, Junajpu y Xb’alanke son obligados a mantener un ocote y un cigarro encendidos durante toda la noche, ellos se limitaron a colocar plumas de guacamaya sobre la vara, luciérnagas sobre los cigarros, y las divinidades pensaron que lo habían conseguido (Ibídem, 105, fol. 24v-25r). En el juego de pelota, Xb’alanke remplazó la bola por un conejo, el animal huyó brincando y los del Xib’alba salieron a perseguirlo (Ibídem,116, fol. 28r). Los engaños continúan a lo largo del texto hasta llegar al punto que los gemelos logran hacer creer a los dioses que podrán revivir después de sacrificarse; lo cual, por supuesto, no sucede (Ibídem, 123-125, fol. 30v-31r). En cambio, cuando los guardianes del lugar de los muertos decapitaron a Junajpu y pretendieron que su testa fuera una pelota, Xb’alanke luego exclamó: “—¡No! Solamente es una cabeza” (Ibídem, 106-107, fol. 25v-25r). Quetzalcoatl procede de manera similar durante su viaje a Mictlan; pues, en lugar de soplar un caracol sin perforar, se limita a imitar su sonido introduciendo abejas en su interior (Códice Chimalpopoca: Anales de Cuauhtitlan y Leyenda de los soles, 1945: 121).